Viajando con Robert Frank


El pasado 10 de septiembre en Inverness, una pequeña localidad de la provincia de Nova Scotia, en Canadá, fallecía el fotógrafo Robert Frank, a los 94 años de edad.

“Soy un peregrino y un forastero”.

Todos sabemos de la perversa tendencia humana y mediática de valorar más a la gente en muerte que en vida. Mito, icono, revolucionario, símbolo, referente, integrante del Olimpo fotográfico mundial… son solo algunos ejemplos del rosario de alabanzas dirigidas estos días para ensalzar la figura del fotógrafo de origen suízo. Pero quizás, la mejor definición de su fotografía, y por ende de su mirada, nos la daba el propio Robert Frank parafraseando una canción de Johnny Cash para referirse a sí mismo: “soy un peregrino y un forastero”.

Robert Frank viajó y fotografió por Londres, París, Valencia, Nueva York, Cuba, Perú, Brasil, Panamá…  En sus primeros trabajos es fácil identificarse con un fotógrafo de mirada humanista que, aunque de forma esporádica cae en algún momento presa de lo exótico del destino, es capaz de reflejar una gran cercanía y dignidad en su aproximación al sujeto fotografiado.  

París 1949. Fotografía de Robert Frank.

Ya se atistaba un fotógrafo de ojo fino, ágil, fuera de la ortodoxia dominante, que iba madurando un estilo solitario, fluido y personal de hacer fotografías. Un fotógrafo que se tomaba su tiempo para ejecutar sus trabajos, lejos de otras formas de proceder caracterizadas por aproximaciones inmediatas y, por tanto, vacías.

Londres. Fotografía de Robert Frank.

Esta filosofía de trabajo puede parecer extraña vista desde estos tiempos actuales donde las cosas pasan antes incluso de haber sucedido, tiempos dominados por la “topofobia”, término acuñado por el gran José Manuel Navia, para referirse a ese proceder malsano que hoy día nos lleva a saltar de un sitio a otro antes incluso de haber llegado. Pero si hay algo que marca la diferencia a la hora de valorar un trabajo que realmente profundiza en un tema o en un destino, frente a otro que se limita a tocar tímidamente su superficie, ese es el tiempo, la dedicación, el moverse menos para ver más.

Valencia. Fotografía de Robert Frank.

“Después de ver estas fotos acabas no sabiendo si una jukebox es más triste que un ataúd”. Jack Kerouac.

Pero Robert Frank alcanzó la trascendencia y fue elevado a lo altares de la fotografía del siglo XX por las imágenes de un viaje en particular. En 1955, con apenas 31 años de edad, recibió una beca de la Fundación Guggenheim para viajar y fotografiar a lo largo de Estados Unidos de América. A lomos de un Ford Coupé de segunda mano, Frank recorrió 46 estados y más de 10.000 millas para acabar disparando 767 carretes que contenían unas 27.000 imágenes.

El resultado final, las 83 fotografías que formarían parte de The Americans (1958), historia viva  y punto de inflexión de la fotografía universal, obra en la que Robert Frank radiografía América como solo un forastero de mirada aguda y afilada podía hacer después de haber peregrinado por sus carreteras secundarias durante más de un año.

Fotografía de Robert Frank en EEUU
Desfile. Hoboken, Nueva Jersey. Fotografía de Robert Frank.

En pleno siglo XXI, terreno infinito, vacío y repetitivo de bloggers, influencers, instagrammers y demás tribus digitales, resulta difícil encajar The Americans dentro de la idea que está instalada actualmente en el imaginario colectivo popular de lo que es un trabajo fotográfico que pivota alrededor de un viaje.

En la obra de Frank no hay fotos de pies en la playa, ni atardeceres espectaculares de colores imposibles; no hay manos que toman a otras manos y los conducen por parajes bucólicos, ni mucho menos hay una pose perfectamente estudiada que se repite de forma repetitiva y ególatra con la única diferencia que cambia el fondo, sustituido por el monumento  turístico de turno. El viaje como excusa narcisista. El viaje como mero envoltorio turístico vacío de contenido.

Ruta del viaje por USA de Robert Frank en The Americans
Ruta de Robert Frank en su viaje por EEUU. Del blog de Óscar Colorado.

El recorrido de Robert Frank por América sería un sueño para cualquier alma viajera que se precie. Pero la trascendencia de su resultado va más allá del simple placer hedonista de recorrer un país icónico  en un coche de segunda mano, coleccionando postales, sin más rumbo que el que te dicte tu intuición o las sensaciones en cada momento.

En la propia solicitud de la beca el fotógrafo hacía toda una declaración de intenciones: “mi objetivo es observar y registrar lo que llama la atención de los Estados Unidos a un extranjero nacionalizado americano. Y ahí radica quizás una de las claves, sino la más importante, de por qué estamos ante una obra referencial. Como todo buen trabajo fotográfico que gira alrededor de la idea de un viaje, The Americans constituye una visión sumamente personal del periplo de Frank por Estados Unidos. Una relevancia que queda definida tanto por el qué muestra como por el cómo lo muestra.

Mitin, Chicago. Fotografía de Robert Frank.

Lejos de dejarse deslumbrar por los rascacielos, el dinero, los centros comerciales, los paisajes bucólicos y el “american way of life”, este forastero de visión quirúrgica tuvo el valor de no dejarse arrastrar por la primera impresión y de observar con profundidad más allá de lo evidente.

La obra de Frank es un puñetazo en el estómago de la aburguesada e idealizada sociedad estadounidense. Sus fotografías son el testigo visual de esa otra América, la que no ocupa las portadas de los magacines pero protagoniza el día a día, una América traspasada por la tristeza, la alineación, las injusticias sociales, económicas y raciales, el hastío. Todo ello mostrado de una manera documental pero poética, con aire evocador, alejada de escenificaciones morbosas y obscenas, como una canción que contiene una melodía latente que nos deja un mensaje claro pero alejado de exhibiciones explícitas.

Fotografía de Robert Frank en la que se ve a una criada negra atendiendo a un bebé blanco.
Charleston, Carolina del sur. Fotografía de Robert Frank.

“Blanco y negro son los colores de la fotografía, para mi simbolizan las alternativas de esperanza y desesperación a la que la humanidad está siempre sujeta”

Otro de los elementos que configuran The Americans como punto de inflexión en la historia de la fotografía, es por contribuir a definir un nuevo código de mirada. Frank utiliza la técnica fotográfica como un recurso retórico, usando el lenguaje de la imagen y todas sus posibilidades como un elemento crucial para expresar lo que opina de un tema. Lejos de formalismos estéticos, de composiciones amables y  de estructuras bressonianas, sus fotografías son de mirada difícil para el espectador, especialmente para los mas advenedizos.

Imagen de una cafetería en Indianápolis del trabajo The Americans de Robert Frank.
Cafetería, estación de tren. Indianápolis. Fotografía de Robert Frank.

Blancos quemados, negros empastados, encuadres torcidos, composiciones descuidadas, fotografías con mucho grano, elementos fuera de foco, sujetos borrosos, contrastes abusivos… Son tomas (aparentemente) plagadas de problemas formales, de errores técnicos. Podría hablarse incluso de imágenes descuidadas, que serían destrozadas en cualquier foro de –istas hoy en día. Pero el mensaje que intentaba transmitir, esa “otra” América, seguramente no podía ser contado de otro modo, o, si efectivamente podía serlo, seguramente no llegaría con tanta potencia. Cámara, visión y técnica al servicio del mensaje.

Una imagen de un tranvía donde hay pequeños encuadres dentro del encuadre general. En cada ventana del mismo existe una sucesión de figuras cuyo orden evidencia un claro mensaje. Hombre blanco, mujer blanca, niño y niña blanca, hombre negro, mujer negra. El juego de miradas, el llanto de la pequeña en el medio de la imagen y reflejos distorsionados en las ventanas superiores, acaban de configurar una idea que a nosotros como espectadores nos compete recoger.

Imagen de un tranvía con pasajeros del fotógrafo Robert Frank.
Tranvía. Nueva Orleans. Fotografía de Robert Frank.

Un primer plano de una mujer, elegante, guapa, glamurosa, probablemente a la llegada de un evento importante. Aunque su figura está más que presente, ya que ocupa gran parte del encuadre, no somos capaces de definirla nítidamente porque está desenfocada, algo que para mucha gente sería un error imperdonable que haría que ese negativo acabase criando polvo en algún cajón. El fondo  de la imagen sí aparece a foco, donde una multitud “admira” el espectáculo. Un error formal que no lo es, un primer plano de fama y glamour borroso, etéreo, mentiroso, y un pueblo, que sí es  real, que lo observa de fondo, como un sueño, un anhelo difuminado que tienen delante y nunca alcanzarán.

Una imagen de una ceremonia en Hollywood del fotógrafo Robert Frank.
Estreno cinematográfico. Hollywood. Fotografía de Robert Frank.

Una ascensorista en Miami Beach. La hoja de contactos de este negativo tiene catorce fotografías donde la chica que protagoniza la imagen sonríe cortesmente a los pasajeros. La imagen finalmente escogida, la única que denota verdad. Aquella en que la chica muestra un gesto mezcla de cansancio y hastío, mientras su clientela acaudalada y a la que presta servicio, pasa por delante suya como una estela borrosa, de nuevo inalcanzable.

Fotografía de una ascensorista. Robert Frank.
Ascensor Miami Beach. Fotografía de Robert Frank.

Criadas negras cuidando a bebés blancos, cowboys, carreteras infinitas, casinos, amalgamas de gente que vagan por las calles de forma impersonal, gramolas que suenan en bares solitarios, hombres trajeados, bares de carretera, banderas gigantescas que lo abarcan todo… son algunos de los temas que se suceden por las imágenes de un fotógrafo que actúa como testigo y que no construye la escena. Le gustaba moverse con discreción y actuar rápidamente para llamar la atención lo menos posible, sobre todo en entornos pequeños, donde decía que era más fácil reflejar la realidad de lo que pretendía.

Este mensaje tan contundente y fuera de lo políticamente correcto no fue bien recibido en un primer momento en Estados Unidos. Acusado de “perverso”, “siniestro”, “antiamericano” y  de romper la ortodoxia reinante hasta ese momento, The Americans fue publicado en 1958 por primera vez en Francia y no sería hasta los años 60, de la mano del movimiento beat con Jack Kerouac a la cabeza, cuando iría desembarcado en Estados Unidos y llegando a ser lo que es hoy día.

Viajando con Robert Frank
Bar. Las Vegas, Nevada. Fotografía de Robert Frank.

La cámara tampoco volvería a ser tan protagonista en la vida de Frank. Casi con la intuición que tienen esos genios sabedores de que han revolucionado un campo, la práctica fotográfica fue pasando a un segundo plano a favor de otros trabajos, casi siempre en el ámbito cinematográfico.

Posteriormente la fama y los problemas personales fueron dibujando un personaje más solitario, ensimismado, que se fue retirando de la primera línea de fuego y desarrollando trabajos más íntimos. “Mi trabajo pasó de tratar sobre aquello que veía a tratar de aquello sobre lo que sentía”, diría el autor. Pero su legado, las lecciones a aprender y, sobre todo, su impronta, ya habían quedado para la posteridad.

“Solo se ve bien con el corazón, lo esencial es invisible a los ojos”, solía decir Frank citando a Saint-Exupéry. Está máxima casi filosófica, trasladable a cualquier ámbito vital, lo es también cuando hablamos de viajar y fotografiar. Robert Frank, ese peregrino y forastero que nos enseñó que se debe viajar con el corazón como brújula y la cámara como bastón. Que la tierra le sea leve maestro.

Robert Frank.

Referencias bibliográficas:

  1. Artículos de Jota Barros.
  2. Blog de Óscar Colorado Nantes.
  3. Cinco fotos comentadas por el propio Robert Frank. Blog de Leire Etxazarra.
  4. Los trabajos de Robert Frank en el archivo de la National Gallery of Art.
  5. Podcast Full Frame.
  6. La serie del libro The Americans al completo.


Comentarios (2)

  1. Diego Jambrina

    Has escogido fotografías claves del libro. Algunas por su estética rompedora (la del ascensor y la de la camarera son maravillosas) y otras por su concepto. Me quedo con una de las que menos me llaman la atención como imagen: la de la bandera tapando la cara a una de las personas y emborronando con su sombra a otra. Para mí dice tanto de ese país que encuentro razonable que la clase pudiente se escandalizara en su momento. La bandera como alfombra, utilizada para dejar debajo de ella toda la miseria y como venda que impide ver más allá de un patriotismo insoportable y, tristemente, eterno. Esa foto dice tanto.

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    • Juan R. Pérez

      No puedo estar más de acuerdo Diego. Para mí esa es la foto de The Americans, simboliza pefectamente lo que me transmite el libro y ese trabajo de Frank en particular. Me costó horrores escoger de entre las 83 las fotos que entendía que más encajaban en el artículo. No me quiero imaginar cómo tuvo que ser esa edición de 27000 imágenes. Gracias por pasarte y comentar. Un abrazo!

      Responder

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