Viajar a través de… una película (I): Lost in Translation


Hoy estreno nueva sección en el blog, una sección que nace con cierta vocación de continuidad y que busca abrir, más si cabe, este espacio web a la experiencia de viajar en sus múltiples facetas.

Como sabéis, la fotografía es el motor principal que mueve mi idea de viajar, hasta el punto de no saber dónde empieza una y termina la otra. Pero existen también otras herramientas como el cine, la música o la literatura, que para mí actúan como catalizador y fuente inagotable de inspiración viajera. Es por ello que, a lo largo de los próximos meses, caerán por aquí algunas películas, libros y canciones que, de una forma u otra y siempre desde una perspectiva personal, vinculo a mi idea de viajar.

Una vez alguien me habló de la palabra “resonancia” y no, no hablaba de una prueba médica, sino que lo hacía para referirse a aquellas cosas que en nuestro interior se repiten una y otra vez, que “re-suenan” cada cierto tiempo y acaban por grabarse como una parte de nosotros.

Una voz da la bienvenida al Aeropuerto Internacional de Tokio. Es de noche y comienza a sonar Girls de Death Vegas. En el asiento de atrás de un taxi, Bob Harris (Bill Murray) despierta desconcertado, se despereza y mira con una mezcla de curiosidad y extrañeza el paisaje urbano típicamente nipón inundado de anuncios y luces de intensos colores que se muestra ante sus ojos. Así comienza Lost in Translation (Sofía Coppola. 2003) y esta escena “re-suena” en mi cabeza una y otra vez como símbolo de despertar viajero, como prólogo a las experiencias que un nuevo destino va a poner ante ti.

Bob Harris se alojará en el Hotel Park Hyatt y allí se encontrará con Charlotte (Scarlett Johansson) y nosotros, a través de ellos, descubriremos el jet lag, Tokio y el desconcierto vital que tiñe su relación. Todo ello acompañado de referencias estéticas y musicales muy marcadas que elevan a la película de Coppola a film de culto, con lo que ello supone: o la amas, o la odias.

EL JET LAG

“Ojalá pudiera dormir”. Charlotte.

Lost in Translation es una película sobre el jet lag, esa sensación de desconcierto que acompaña a todo viajero que ha afrontado un vuelo en el que ha coleccionado varios husos horarios. García Márquez lo describía muy líricamente “si se viaja en avión el cuerpo llega puntual pero el alma se retrasa unos días”.

Insomnio, moquetas, mensajes a deshora, miradas perdidas, ojos que se clavan en el techo, cierta torpeza en los movimientos, desorientación… todo forma parte de un lenguaje no verbal que acompaña a los protagonistas de la película y que, de un modo u otro, todo viajero que haya acumulado franjas horarias de golpe conoce.

Bpb Harris (Bill Murray) sentado en una cama con un kimono en la película Lost in Translation
Fotograma de la película

Los planos largos, amplios, a simple vista vacíos y en los que, aparentemente, no sucede nada, se suceden en el metraje. Se va tejiendo así un recorrido que tiene mucho de sueño, solamente  alterado con cierto dinamismo cuando los personajes comparten pantalla y que, seguramente, esté pensado para hacernos cómplices como espectadores de esa sensación, de ese estado de ánimo, a veces letárgico, a veces descontrolado, que puede ser el jet lag.                                          

TOKIO

“Genial, breve y acogedor. Muy japonés. Me encanta”. Bob Harris.

Lost in Translation es un película sobre Tokio. Es una historia no solo de personajes, sino que es un homenaje a la capital de Japón en el que, además de sus calles, se retratan sitios icónicos como el Monte Fuji, Shibuya o Kioto, hasta el punto de que la ciudad se convierte en un protagonista más de la película.

Bob y Charlotte se sienten extranjeros en su propia piel y qué mejor lugar que Tokio para reflejar esa extrañeza. Su surrealismo, su caos, sus luces, sombras y sonidos son el contexto perfecto que refuerza la falta de comprensión que sufren los personajes y los lleva a “re-encontrarse” el uno en el otro.

Es sobre todo a través de los ojos de Charlotte como descubrimos la ciudad. Son numerosos los planos en los que, como la protagonista de un cuadro de Hopper, simplemente está observando la ciudad a través de una ventana, melancólica, en un ejercicio de introspección en el que no te dejas de preguntar por sus pensamientos, mientras la ciudad eterna, con su skyline infinito, se abre ante sus ojos.

Scarlett Johansson mira desde una ventana la ciudad de Tokio
Fotograma de la película

También en numerosas ocasiones la acompañamos mientras recorre la ciudad en solitario. Como una fotógrafa sin cámara, va transitando y explorando sus rincones, dejándose llevar por la esencia viajera pura que no es otra que limitarse a “estar” y ser un espectador de lujo de cómo la vida cotidiana del lugar que visitas se descubre frente a ti, desde las calles bulliciosas, hasta una ceremonia tradicional en un templo perdido, pasando por un simple recorrido en tren.

EL DESCONCIERTO VITAL

“¿Me guardas un secreto? Estoy planeando una fuga. Necesito un cómplice. Hay que salir de este bar, después del hotel. Luego de la ciudad y luego del país. ¿Te apuntas?” Bob Harris.

Lost in Translation es una película sobre la complejidad de las relaciones humanas y qué sentimiento más humano y más complejo que el amor. Sí, Lost in Translation es una película de amor, pero de ese amor que no es amor sino soledad. También es una película sobre la incompresión, la pérdida, la búsqueda de la identidad individual, la incomunicación, la extrañeza ante el mundo ajeno… aunque también nos habla sobre la esperanza, el consuelo, la amistad, la calidez de los gestos, palabras y miradas… todas ellas variables que caracterizan a los personajes y que los salvan de sus naufragios individuales.

Evocando de nuevo a García Márquez, Bob y Charlotte son dos almas que se sienten perdidas y solas, pero cuyo encuentro en Tokio, como sucede a veces en los viajes, representa una tregua, un bálsamo ante la desazón que portan y les abre la posibilidad de reencontrarse y continuar, aunque solo sea platónicamente hablando.

Charlotte (Scarlett Johansson) descansa su cabeza con una peluca rosa sobre el hombro de Bob Harris (Bill Murray)
Fotograma de la película

“No volvamos aquí, porque nunca sería tan divertido”. Esta frase que Charlotte le dice a Bob encierra en sí misma toda una filosofía humana y viajera, la del valor único e irrepetible de cada momento, de cada experiencia. Pero con las buenas películas, y Lost in Translation lo es, sucede como con los buenos destinos viajeros, que por mucho que vuelvas a ellos una y otra vez, siempre descubrirás nuevos matices que harán que el viaje siga valiendo la pena.

 


Comentarios (4)

  1. Diego Jambrina Merino

    Con cada post que escribes, Juan, confirmo que tú y yo viajamos y vivimos de una manera muy parecida.

    Me gusta mucho ese “como una fotógrafa sin cámara”. Me recuerda a la sensación que viví yo en mi viaje por Noruega.

    Y coincido con la visión de Coppola y de sus personajes sobre Japón en general y Tokio en particular. A mí me atrajo y me apartó de su lado con la misma fuerza.

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    • Juan R. Pérez

      Muchas gracias Diego por dejarte caer por aquí y por comentar. Sabes que para mí eres una referencia en tu forma de concebir viajes y fotografía, por lo que no puedo estar más contento aún con tus palabras. Yo no he estado ni el Japón ni en Noruega, pero me alegro que haya sido capaz de evocarte esas sensaciones viajeras que, muchas veces, pueden ser universales.
      Nos leemos, un fuerte abrazo.

      Responder

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